Cameron Highlands, verde que te quiero verde

Cameron Highlands es una especie de meseta a unos 1600 m de altura más o menos en el centro de la peninsula de Malasia. Los visitantes suele venir escapando del calor de las zonas bajas. La principal actividad turística es hacer senderismo por sus bosques y visitar los campos de té.

Plantación de té

Plantación de té

El primer día quise empezar con un pateo fácil: la ruta 9A. Pero antes de llegar al comienzo del 9A me encuentro con un tipo que me dice que esa ruta es aburridilla y que se hace en media hora. Me recomienda que haga la 8, que según él también es sencillita, pero que da para unas 2 horitas. La madre que lo parió! Una pendiente del 100% durante 2 horas hasta llegar a 2030 m. y luego 1 hora y media más de bajada por un tramo ultra resbaladizo e igual de inclinado. Facilito eh! Claro!, después me entero que el tipo (que se quedaba en mi hostal) es nada menos que de Suiza, y todo el mundo sabe que para los suizos un pateo “facilito” es subir el Mont Blanc! Algo menos fácil es escalar el Everest, pero tampoco nada del otro mundo… A pesar de acabar muerto (después de la caminata me eché la primera siesta del viaje) disfruté mucho del pateo.

De paseo por la ruta 9A

De paseo por la ruta 9A

Al día siguiente decidí pasar de los consejos del suizo y me fui directo al 9A. Es verdad que es sencillo, pero muy bonito. Una bajada de 1 horita acaba en una carretera. La carretera lleva a la plantación de té Boh. No he visto en mi vida un verde tan verde como el de los arbustos de té. Echenle un vistazo a las fotos para que vean a lo que me refiero! En la fábrica de té te explican el proceso de fabricación. Yo pensaba que consistía en trocear las horas, dejarlas secar y luego meterlas en bolsitas, pero por lo visto no! Es un curro impresionante! Y al acabar el proceso, el té todavía ni siquiera huele a nada! Tiene que pasar 2 meses metido en un saco para que empiece a oler a té.

Fábrica de té Boh 2

Fábrica de té Boh

Anécdota: un día de perros

A la mañana siguiente me pareció que me merecía una pausita después de tanto pateo, así que, por qué no alquilar una moto para recorrer las partes mas remotas de la meseta? En una pensión vecina conseguí una moto por 7 euros el día. Feliz y contento puse rumbo al norte para visitar otra plantación de té. La felicidad duró 10 min, que fue lo que tardó en desinflarse la rueda trasera después del pinchazo. Así que nada, casco en mano di media vuelta y a pata y de mala leche de regreso al pueblo. La moto la dejé en un apartadero pidiendo a Dios que estuviera en el mismo sitio y en el mismo estado cuando volviera con el dueño a recogerla.

Cerca de la plantación de té Boh

Cerca de la plantación de té Boh

El dueño de la moto no se lo tomó mal. Lo acompañé en el coche para decirle dónde había dejado la moto. De camino me dijo que los pinchazos eran habituales y que había tenido suerte de que se rompiera la moto tan cerca del pueblo. Cuando llegamos al apartadero me di cuenta de que mis oraciones no fueron escuchadas. El suelo estaba humedo de la lluvia y la burra de la moto se había hundido. La moto estaba tirada en el suelo con la manivela del freno partida y el panel de las luces medio roto. El dueño siguió insistiendo en que no había problema, pero mi cabeza ya estaba estimando la suma aproximada de lo que me iba a costar la gracia.

Hinchamos la rueda y aguantó la mitad del camino hacia el pueblo. El resto del tramo lo hice en llantas. Milagrosamente la cubierta aguantó. El chino dueño del taller arregló la rueda y el panel delantero en un plis plas, pero con el freno no pudo y nos recomendó otro taller. El dueño me dijo que le siguiera. Yo no sé si el tío se pensaba que yo era Sito Pons, pero iba como un tiro. Y yo entre que aquí se circula por la izquierda, que iba solo con un freno (en mal estado) y que las veces que me he subido a una moto se cuentan con una mano, poco a poco me fui distanciando.

En una de estas el tipo coge a la derecha y se para. Yo cuando lo alcanzo un minuto más tarde me paro también al lado de él y me doy cuenta de que está hablando por el movil. Esperando, esperando… y el tío que no para de hablar. A los 5 minutos me acerco a la ventanilla para preguntarle que si va para largo y me doy cuenta de que el tipo simplemente… no es el tipo! Había estado siguiendo el coche que no era sólo Dios sabe cuántos kilometros!!! Di un par de vueltas tratando en vano de encontrar al colega, pero no había nada que hacer. Así que volví a su hostal.

Arbustos de té

Arbustos de té

Por suerte el hombre pensó igual que yo y llegó a los 5 minutos, ya medio cabreado. Yo le dije que yo no tenía la culpa de que la mitad de los malayos tuvieran un Kia de color negro. El tío propuso que lo intentáramos de nuevo. Esta vez funcionó. El taller estaba por supuesto a 50 metros de donde nos habíamos perdido (Ley de Murphy).

Durante el trayecto yo ya me había dado cuenta de que el colega estaba conduciendo de forma media rara. A veces parecía que se iba a salir de la carretera y otras se pasaba al carril contrario y se quedaba ahí un par de segundos sin motivo aparente. Una vez casi se lleva por delante a un pobre motorista. Cuando llegamos al taller el tío salió del coche y se empezó a tambalear. No se cayó al suelo porque se agarro a una reja que había cerca. Le pregunte si se encontraba bien y me dijo que sí, pero o el tío tenia problemas en la pierna o llevaba una chuza que agüita. Más bien me da que lo segundo, porque me empezó a contar una historia que no entendí muy bien sobre que había estado viviendo en Australia y que allí desde que llegaba el viernes ya estaba agarrando la botella de wisky y no la soltaba hasta el domingo. “Mucho happy hour en Australia!”, me dijo.

El chino del taller (parece que si no eres chino no te dejan montar un taller de motos) era un manitas. Daba gusto verlo trabajar! Llevaba 40 años en el negocio. En 5 minutos cambió la manilla del freno y luego de paso los discos de freno de ambas ruedas también. Por supuesto empece a preguntarme si todo eso iba a correr de mi cuenta.

Moderno restaurante sobre plantación de té

Moderno restaurante sobre plantación de té

Cuando el mecánico estaba acabando, al dueño de la moto no se le ocurre otra cosa que sentarse arriba de la moto estando la doble burra puesta. La moto empezó a irse hacia atrás y luego hacia un lado y el tipo, de capacidades motrices nulas, se fue a dar cuenta cuando ya estaba en el suelo. Gracias a Dios al hombre no le pasó nada, pero a la moto se le torció el apoyapies y se le rompió la matrícula. A los 3 minutos la hija del chino ya aparecia con la matricula nueva y al chino ya se le veía el símbolo del dólar en los ojos mientras arreglaba el apoyapies a martillazo limpio. Chiquito día!

El dueño de la moto me contó a continuación que llevaba un mes que no hacía otra cosa que caerse al piso. Con ésta ya era la cuarta! Gracias a Dios no hubo ningún incidente más y conseguimos llegar al hostal sanos y salvos. Habían pasado 4 horas desde el pinchazo y aunque el tío insistió en que me llevara la moto por el resto del día, a mí ya hacía tiempo que se me habían quitado las ganas.

Nos dispusimos a hacer cuentas. “Yo pago lo de la rueda y lo de la matricula”, me dijo. Yo lo vi justo. Después de 5 minutos dándole caña a la calculadora (y cada pulsar de tecla era una nueva gota de sudor que me corría por la frente) va el tío y me dice: “Son 3 euros”. Pfff!!! 3 euros incluido mano de obra! Casi me caigo al suelo de la risa. Me dio tanta pena de que el hombre hubiera perdido todo el día por el incidente y de que encima casi se matara, que le dejé 10 euros y la sonrisa le llegaba de oreja a oreja. En definitiva 10 euros no hubieran dado en Europa ni para pagar la manilla del freno…

Por supuesto ese día no hice nada más, porque con la suerte que estaba teniendo, lo más sensato era irse a la cama. Pasé el resto del día viendo pelis en el mini cine del hostal.

Grata sorpresa: un tour muy interesante!

Nuestro guía. Un crack!

Nuestro guía. Un crack!

Mi último día en Cameron Highlands me fui de tour organizado: Discover Cameron Highlands. Por la mañana me recogió el guía a las 9. Yo ya llevaba 2 horas y media en planta porque me había confundido con el desfase horario y me levanté1 hora antes de la cuenta (empezamos bien el día!).

El guía resulto ser el mejor guía que he tenido en todo el viaje. Además de ser un cachondeo de tío, el hombre era una enciclopedia abierta. Debe de ser el equivalente a nuestro Felix Rodriguez de la Fuente. Yo estimo que en las 9 horas que estuve con él, sólo paro 30 minutos de contarnos cosas.

Fuimos al Bosque del Musgo (2000 m). Él lo llama el Bosque del Lujo porque, según él, es un lujo para caminar, al ser el único de la zona donde no hay ni mosquitos ni sanguijuelas. Precioso! Después del bosque fuimos a ver otra plantación de té, igual o más bonita que la de 2 días antes.

Yo quiero uno

Yo quiero uno!!!

De regreso al pueblo para almorzar el guía nos recomendo que hicieramos con él un tour de 3 días en Taman Negara, la selva más antigua del mundo (a hora y media de Cameron). Nos explicó cómo sería la excursión y qué es lo que veríamos. Se me cayó la baba. Decidí no ir simplemente porque no me daba tiempo.

Por la tarde tocaba ir a visitar una casa Orang Asli, que son los nativos de la zona. Orang Asli significa “gente original” (por cierto orang utan significa “gente del bosque” y nasi goreng “arroz frito” en malasio). Según el guía, esta gente vino de Africa hace como 20.000 años y son parientes de los aborígenes australianos. Por lo visto esto último esta científicamente comprobado. Como lo confirmaron? Se llevaron a un Orang Asli a Australia y lo pusieron enfrente de un aborigen. Empezaron a hablar y se entendían!

Al único que no mordía

Al único que no mordía

Cuando llegamos a la casa nos recibió un tío en taparrabos. Se parecía bastante a los indios de La Misión. Estaba claro que era un montaje turístico porque esta gente hace ya algún tiempo que dejaron de vestir así y la gran mayoría de ellos ya han abrazado la fé consumista, pero no dejó de ser un teatro impactante y muy interesante.

Además el colega era muy buen actor y se metía muy bien en el papel. Armado con su tubo de bambú con dardos venenosos, nos guió hasta unas cataratas, también de pelicula. El camino, aunque corto, era auténtica selva y las sanguijuelas se dejaron ver. Al llegar las cataratas el tipo se puso a posar para las fotos jeje. Luego nos fue llamando uno a uno para que nos disfrazáramos de Orang Asli y nos pusiéramos a posar con él. Fue una risa!

El alto es el indígena

El alto es el indígena

De vuelta a la casa, la familia nos invitó a té, pescado y un tubérculo que se parece a la papa. Riquísimo! Luego hicimos un taller de tallado en bambú y disparamos con la cerbatana. Por último nos dejaron coger a un bebe de mono naranja que no hacía más que gritar hasta que lo acurrucabas como si fuera un niño pequeño y entonces se callaba.

Lanzando con la cerbatana

Un turista lanzando con la cerbatana…

Lanzando con la cerbatana 2

…y un auténtico aborigen cazando jabalíes!

El día resultó ser perfecto (compensando al anterior). Hice migas con un inglés y una pareja de alemanes que hicieron el tour conmigo y por la noche me eché unas cervezas con ellos. Me quedó pena de que al día siguiente ya tuviera que seguir hacia Kuala Lumpur.

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