Un pez con complejo de perro

Cuando el bus me dejó en el puerto ya nos estaba esperando nuestra azafata con un collar hawaiano de bienvenida para cada uno. Los 400 dólares se estaban empezando a amortizar jeje. Además estábamos de suerte: el sol se dejaba ver por primera vez en una semana!

Sin embargo, el viento estaba soplando con algo de fuerza, lo cual nos aseguraba una travesía bastante movidita, sobre todo a bordo del catamarán rápido, que prometía ponernos en el arrecife en poco más de una hora.

Los primeros 20 minutos no fueron ningún problema porque estábamos al abrigo de las Islas Whitsunday. En una de esas islas está, por cierto, la que se considera la segunda playa mas bonita del mundo (Whitehaven Beach). No fui, pero tampoco importo demasiado porque después de ver como unas 5 millones de postales de la playita en las tiendas de souvenirs, es como si hubiera estado en ella.

Al dejar atrás las islas y entrar en mar abierto, mi cara cambió gradualmente a un color más bien amarillo y solo volvió a la normalidad 20 minutos más tarde, tras una pequeña conversación con Roca.

Cinco minutos antes de llegar a la Barrera el barco empezó a dejar de dar botes. Es increíble como de repente y sin tierra a la vista las olas desaparecen y el mar se convierte en una piscina. Poco mas tarde empezamos a ver las primeras manchas verdes y rojas bajo el agua.
El catamarán atracó en la plataforma que se iba a convertir en mi hogar por 2 días. A mí no me dio tiempo ni de dar una vuelta de reconocimiento porque enseguida me llamaron para la primera inmersión.

Primera inmersión

Primera inmersión

Tanta prisa y el hecho de que era la primera vez que buceaba después del curso en Tailandia me estaba poniendo un poco nervioso. Además los otros 3 buceadores ya tenían experiencia y yo era el único novato. Encima el que me tocó de compañero era el más experto de todos. Cuando fuimos a hacer el “chequeo de compañero”, que es un procedimiento que sirve para comprobar que el equipo de tu compañero está en orden, yo de pringao empecé a repasar uno a uno todos los puntos. El tío me miró como si yo fuera un extraterrestre y cuando iba por la mitad del chequeo me dijo “bueno, bueno, todo en orden” como queriendo decir “vete pa casa chaval!”

Arrecife 3

Arrecife

Cuarenta minutos más tarde salíamos del agua y yo algo decepcionado. Todos dieron sus impresiones en voz alta: “impresionante!”, “no he visto un coral así en mi vida!”. Cuando llegó mi turno no pude contener mi decepcion y dije “que frío ahí abajo no?!” El caso es que me esperaba algo mejor. Quizá se debió a que el sol no brilló durante la mayor parte de la inmersion o quizá se debió a la semi hipotermia que me dio. Cuando salí del agua estaba tiritando y el viento que hacía en la plataforma no ayudaba a mejorar la situación.

La plataforma sobre la Gran Barrera

La plataforma sobre la Gran Barrera

El resto de la tarde lo dediqué a seguir amortizando: cuatro rondas de buffet, vueltita por el arrecife en el submarino con fondo de cristal, un ratito tumbado al sol en la terraza de la plataforma…

Llegó la hora a la que todo el mundo se tenía que volver a tierra en el catamarán. Todos… menos yo, la azafata y el personal de la plataforma. Empezaba lo bueno!

Desde que el catamarán se perdió en el horizonte, la azafata me preguntó qué quería hacer: beber algo, ir a dar una vuelta en el submarino, bucear con tubo y aletas… Me decidí por la última opción. Me hacía ilusión tener el arrecife para mí solo. Esta vez, y sin necesidad de bajar a 15 metros, fue una gozada. El sol de la tarde estaba dando directamente sobre la pared del arrecife. Un espectáculo increíble de formas y colores! Vi una tortuga y tuve mi primer contacto con Wally, un pez verde de metro y medio que tiene complejo de perro. Se te acerca para que lo acaricies!

Wally

Wally

Cuando salí del agua me encontré con un surtido de quesos y chorizos y con una botella de vino esperándome en la terraza de la plataforma. El vino estaba buenisimo! Cuando 3 días mas tarde lo vi en una tienda de licores y entendí por qué estaba tan bueno: 20 euros la botella!!!

Aperitivo

Aperitivo

No pasaron ni 2 horas desde que el último trozo de chorizo desapareciera del plato y ya tenía la cena puesta: pescadito y crepes con chocolate y nata! Después de cenar y de acabarme la botella de vino tumbado en la hamaca de la terraza bajo la luna llena, bajé al acuario de la plataforma y apagué las luces. El acuario es una cristalera enorme en la base de la plataforma desde la que se ven los peces nadando alrededor. De día no era muy espectacular, pero de noche se veian peces mucho mas grandes. De repente apareció delante mío el famoso George, un mero de 300 kilos que vive en el arrecife. Impresionante!

George el mero

George el mero

Tras media hora en el acuario empecé a sentir la llamada de la cama 2x2m que me esperaba en el camarote y decidí no hacerle esperar más.

A las 9 y media de la mañana del día siguiente ya estaba metiéndome en el traje de buceo (esta vez de pata y mangas largas). Me costó más de la cuenta subir la cremallera por la pedazo de hartada que me pegué desayunando. Diez minutos mas tarde ya estábamos en una chalana que me iba a llevar un kilómetro arrecife arriba. La corriente era fuerte pero favorable y nos iba a arrastrar buceando de regreso a la plataforma.

Los 35 minutos que pasé ahí abajo han sido los mejores del viaje. El instructor me dejó todo el rato a mi bola y fue como estar totalmente sólo a 13 metros de profundidad. Wally se acercó a saludar y el instructor se puso a jugar con él y a darle besos en la boca. El sol brilló todo el rato y el arrecife estaba precioso!

De regreso a la plataforma sólo quedaba prepararnos para recibir a la nueva remesa de turistas que llegaba a las 11 para pasar el día. Mi hegemonía en el arrecife llegaba a su fin, pero la experiencia se había convertido en una de las mejores del viaje.

En la plataforma

En la plataforma

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