¡Ya soy mahout! – Cuidador de elefantes

Llevo una temporada detrás de hacer el curso de cuidador de elefantes y ¡por fin lo conseguí! Luang Prabang es el sitio ideal para hacerlo. Mucho más económico que en Tailandia. Además tuve la suerte de contratarlo en una agencia que trabaja con un centro de recuperación de elefantes bastante serio. Lástima que no recuerdo el nombre de la agencia. El propietario del centro es europeo, creo que alemán. Trata de recuperar animales que han sido explotados trabajando en los campos y ofrecerles una vida más tranquila. Muchos de ellos tienen signos de haber sido maltratados. A cada elefante se le asigna un mahout, que está pendiente del elefante durante todo el día.

El curso fue de 2 días / 1 noche y desde el primer día ya estaba montando el elefante sin silla subidos a la cabeza del animal, dándole las órdenes básicas: en marcha, para, izquierda y derecha. Además ¡éramos sólo dos personas! El programa consistía en llevar al elefante a la jungla para que hiciera noche y se pusiera a comer (por lo visto comen mucho durante la noche y sólamente duermen una hora). Luego al día siguiente, bien temprano, había que ir a buscarlo para traerlo de vuelta al campamento y “ducharlo”. Lo de la ducha estuvo bien. El elefante se sienta en el río con el agua por la mitad y tú le vas restregando la cabeza y las orejas con un cepillo jeje.

Además hicimos noche en un bungalow que estaba de lujo. Y la cena… sólo decir que fue donde mejor comí comida típica en todo Laos. Tengo escrito por aquí que el curso incluyendo cena y noche en el bungalow costó 75 €.

El guía que nos tocó (Sack) hablaba bastante bien inglés, pero además quería practicar porque está estudiando inglés en la universidad, así que nos explicaba todo con gran detalle. Nos contó que estuvo 5 años en un monasterio de novicio hasta los 18 y nos habló de la vida en el monasterio y de las pruebas que te hacen pasar para ordenarte monje. Al tipo se le notaba que había estado muchos años de monje budista porque siempre te hablaba con una calma extrema. Era de raza Khmer, gente que proviene de la zona de Camboya y que hace unos cuantos siglos ocuparon casi toda Tailandia (las ruinas de sus templos están por todo el país). Cerca del campamento de elefantes hay un poblado khmer y como él habla su lengua nos llevó a visitarlo aunque no estaba incluido en el programa. La visita fue muy instructiva. Nos explicó las distintas creencias de los poblados de la zona.

Sack nos contó una historia que le pasó con unos turistas una vez haciendo noche en uno de los poblados. La tribu era animista, que viene a ser que creen que en todas las casas viven espíritus que te castigan si no respetas una serie de normas. Ponen una especie de altar pequeño en una esquina de una habitación o al lado de la puerta de la calle para hacer pequeñas ofrendas (muñecos, a veces carne de pollo, etc). Pues por lo visto los turistas se saltaron alguna de esas normas y el jefe de la tribu se quejó al Sack. “Los turistas no han respetado las normas. Acabo de hablar con los espíritus y me dicen que te va a costar caro”. “¿Cómo de caro?”. “Los espíritus dicen que les debes una gallina, un cerdo y 10000 kip”. Así que a la mañana siguiente el jefe de la tribu, Sack y los turistas tuvieron que realizar los correspondientes sacrificios. Supongo que los turistas fliparían con el ritual. ¡Ya me hubiera gustado a mí saltarme las normas para gozarme semejante espectáculo!

La vuelta del campamento la hicimos en kayak por el río. Paramos en otro poblado a comer y nos pusieron una sopa de fideos que para mí fue de las mejores del viaje. Pero lo que me sorprendió fue ver a Sack comiendo chiles rojos frescos. Se ponía a mojarlos en salsa de gambas y a mandárselos a mordiscos (sin sudar ni llorar). Yo dije “no puede ser. Esto hay que probarlo porque si no no me lo creo”. Mojé un chilli en la salsa y mordí sólo unos pocos milímetros de la punta. Estuve sudando como 20 minutos. ¡Pffff! El rumor de que esta gente soporta bien el picante quedó confirmado.

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